Lanzo mi descaro: -"¿A qué juegas?"
Ella me sonríe, sabe que ha atraído mi atención. Mi desconcierto empieza cuando con toda
familiaridad se acerca y se sienta a mi lado. Sus ojos atravesándome como balas. No quiero
mostrar inseguridad así que le sigo el juego.
Ella me recuerda a esa parte de mí que no suelo sacar a la luz, la parte que se atreve y va
directa a lo que de verdad es importante. La parte que ha vivido lo suficiente como para dejar a
un lado las tonterías que sólo acaban provocando dolor.
No está aquí conmigo para perder el tiempo sino para ganarlo.
-"Me llamo Paula"- Me susurra mientras le miro sus labios color rojo sangre. Me gusta mirar a
la boca, sobre todo cuando hay tanto ruido en el ambiente. Seguro que ha elegido esa
tonalidad por algún motivo concreto. Quizás también tenga marcas en la piel como las mías.
Quizá me esté leyendo ahora. Trato de recordar su nombre, con lo despistado que soy seguro
que al amanecer no lo recuerdo. Paula, dice que se llama Paula. Joder, está tan cerca y hace
tanto tiempo que... detengo mis pensamientos y la miro: -"Gorgonio"- carraspeo y repito -"Me
llamo Gorgonio", joder que no note mi puta inseguridad.
Paula arquea las cejas sorprendida pero enseguida recobra la compostura, me devuelve otra
sonrisa y me pide que la lleve a pasear. Que está harta de quedarse en un lugar lleno de
muertos en vida. Que quiere por un momento sentir que es real. Y me elige a mí de entre todos
los sonámbulos que deambulan esta noche.
Apura de un trago el último tiro de ron-cola. Sale del bar delante de mí. Me invita a salir sin
decirme nada. Quiere que le mire el culo. Ella sabe que su reclamo ha funcionado. La sigo.
Nos enseñamos juntos la ciudad...
-"Ahí fue dónde mi mejor amiga me dijo que no podíamos seguir viéndonos porque su novio se
ponía celoso"- le digo.
-"De todos los sitios has elegido el mismo rincón dónde él me dijo que sólo quería una
follamiga".
Tenía razón, teníamos marcas parecidas, y ahora estaban dando a luz. No lloramos, no ahora,
no cuando estamos juntos, no por el momento. Pero ambos estamos en constante alerta
latente. Sangramos en la misma ciudad, eyaculamos recuerdos que nos empapan el corazón,
se reseca, se resquebraja una vez más. Pero no nos importa, no ahora, no podemos
permitírnoslo.
-"¿De dónde has salido?¿Quién eres realmente?"
-"Ya sabes la respuesta, deja de hacerte el remolón."
Y tenía razón. Era una desconocida familiar. Era la chica oxímoron, la chica imposible. Pero
estaba ahí, a mi lado. Se abría despacio, tanteando el terreno. Tenía claro su objetivo, me
leía. Leía mi inseguridad y quería ir con cuidado. Sabe que hay mucho que mostrar si se fluye
correctamente. Sabe que nos podemos herir, apuñalar aquí y ahora. Criticarnos, dolernos y
bajarnos de la nube. Es consciente de la marca que nos podemos dejar, aumentando así los
rincones que nos ciegan de la ciudad, aquellos que no somos capaces de mirar de frente sin
rompernos.
Somos ese pacto rabia con nosotros mismos que tratamos de sosegar: Todas esas
decepciones condensadas en una noche, todo reabierto de nuevo por una conversación entre
dos... ¿desconocidos?
Nota que me pongo algo tenso y pícaramente salta a decirme: -"Sólo mantienes una
conversación de madrugada con una chica creada por ti. Dime que no mola un montón."
No quiero creer en sus delirios pero en el fondo sé que tiene razón. Asqueado con gran parte
de mi vida aparece ella para iluminar mis noches de vez en cuando. Ya no me acordaba pero
siempre ha estado ahí. Mis autoengaños se colapsan de forma frenética para mantener una
mentira que me haga feliz. Triste feliz.
-"Seguro que no nos conocemos de nada, sé que por la mañana tu correo electrónico apuntado
en la servilleta que llevo en el bolsillo se habrá borrado accidentalmente. Mojado por culpa de
alguna cerveza y mis ganas de autodestrucción constante." Mierda, he dicho eso en voz alta.
Me maldigo en mis cavilaciones.
-"A veces hablas como si nos conociéramos también fuera de tu cabeza."
De pronto me doy cuenta de que está en pijama, suena Damien Rice de fondo. Y empezamos
a bailar sabiendo que acabaremos matándonos tarde o temprano. Sabiendo que vamos a
dolernos como lo que escuecen los versos que sé que escribe. No me preguntes por qué,
simplemente lo sé. La veo. La veo de verdad y entonces me doy cuenta de lo extravagante que
es todo. Igual tiene razón, y no lo quiero creer. Igual sólo es producto de mi imaginación y por
eso hace estas cosas, tan neuróticas. No atino a saber si estas palabras suenan en mi mente
con una voz masculina o femenina. Temo estar perdiéndome entre desvaríos. Quizá me esté
encontrando al fin. Cada noche que la vuelvo a recordar.
Carlota parpadea medio dormida mientras acaba de leer un relato más o menos mediocre de
alguien que no es escritor y que seguramente tendrá ya algo de sueño. Entre las letras todo
es posible se repite para sí misma. Aquí te puedes regocijar entre alter egos que alimenten tu
locura, tu esencia en definitiva. Todo movido por el amor que se aprecia tras la ausencia de
cada caricia mal puesta en otros cuerpos. Puede que no existas. Pero para mí eres real y sé
que yo lo soy para ti. Y al fin y al cabo eso es lo que importa.
Paula, dice que se llama Paula. Espero recordarlo al amanecer. No acabaré diciendo
"te quiero" aunque seas producto de mi imaginación, más que nada porque no te voy a permitir
que formemos parte de esa sociedad que devalúa las palabras con tanta carga emocional
como éstas, convirtiéndolas en lo más banal que te pueda salpicar a la cara. Buenos días.
Att.: Tu alter ego opuesto, Gor.